martes, 31 de agosto de 2010

Relatos de boca en boca.


Todo comienza en el pueblo de Coihueco, específicamente en Chillan, Centro-Sur de Chile,  lugar en donde unos pocos presenciaron el testimonio escalofriante, de esos que hace rechinar los dientes como sacudir el estómago. Un día cualquiera de un cualquier año en aquel pueblito existía un valiente hombrecillo de campo, que trabaja en la tierra durante el día acompañado del sol y su fiel amiga sombra, cuando la jornada terminaba era hora de buscar un relajo como todo viernes, aquel trabajólico descansaba el cuerpo en un mesón y la mente en dos o tres copas de vino de la zona, solitario llegaba siempre antes de la caída del sol para aprovechar la escuálida luz. El boliche se llamó en aquellos tiempos “El porvenir” popular pub-restauran –Salvo hasta el anochecer ya que se convertía en cantina- ; El campestre hombre buscaba y encontraba relajo al compartir con sus pares, hasta la hora de partir una vez mas a su hogar , ya cumplido su objetivo se marchaba en medio del oscuro y silencioso camino de vuelta. Mientras tanto en el porvenir la noche era joven, el juego de naipes se apoderaba de las mesas y la conversación no paraba fluir, cuando de repente se asombra un pálido y sucio huaso que a penas le brotaban las palabras, el asombro de todos en aquella escena abrumadora , al pasar un par de minutos antes de alzar la voz y dice: oiga gancho me encontrao con el diaublo -hablando tan convencido- me lo tope en medio del camino cuando iba pa’ mi rancho y solo atine a enfretarlo y pegarle unos puñetes hasta mandarlo al suelo. De pronto uno de los oyentes le pregunta ¿No te creo huaso bruto, haber y como quieres que te crea si venís con la sopaipilla pasa?, ¡Ah!, Exclama desafiante aquel hombrecito, y responde: si tanto desconfíay de mí, aquí te traigo la chasca que le saque de un manotazo, pero no resulto ser ni mas ni menos que el pasto seco que se asoma en las orillas de los senderos de tierra, lo guardó en sus bolsillos como el trofeo de todo héroe. En ese momento y entonces fue el hazme reír del lugar, pero que sin embargo encaró y desafió al diablo como pocos, independiente de su condición, nunca olvide aquel anécdota de mi niñez.
HSimón.

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